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Ser Pirata

| March 20, 2013 | 6 Comments

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Cuando nos dieron el último out, y el sueño campeonil se esfumó, no sentí dolor. Dominicana dejaba al equipo patrio con el segundo lugar del Clásico Mundial de Beisbol ’13 y lo único que sentí fue familiaridad. Rozar la gloria deportiva y ser un por poco son sentimientos que endurecen el corazón del fanático. ¿Mi equipo favorito de cualquier liga o deporte? Los Piratas de Quebradillas. Mientras algunos fanáticos creen conocer el dolor del deporte, pocos lo dominan. Así como Bane nació de las sombras, los fanáticos de los Piratas de Quebradillas nacemos de la decepción.No es lo mismo que tu equipo pierda año tras año sin llegar lejos en el torneo, a ver cómo tu equipo toca con la yema de los dedos la gloria y se la arrebatan.

Es un proceso familiar. Comienza el día que ves sobre papel los jugadores de tu escuadra en la futura temporada. Sabes que tienen las piezas para llegar lejos pero te limitas a pensar que una vez más se quedarán a mitad. Luego comienza la temporada y el equipo comienza a ganarle a los mejores. Comienzas a tomar confianza y empiezas a relajar con los fanáticos de otros equipos. “Este año es nuestro”, le dices a todo el que quiera escuchar, pero es un pronóstico hueco, pues sigues teniendo tus reservas. Tu equipo entra a la post-temporada y gana el primer round. De momento eres parte de los mejores cuatro equipos y tu corazón, que desde siempre late por sus triunfos, se entrega por completo. Entonces el equipo llega a las finales y cualquier restricción que le hayas puesto a tus sueños se esfuma. Te imaginas corriendo a la cancha cuando el reloj marca cero segundos del último parcial. Te imaginas brincando frente a las cámaras mientras Ernesto Díaz González habla sobre las proezas de los Piratas. Te imaginas colándote en el camerinos y bebiendo del más exclusivo vino Fruiteza que encontraron en Econo. Sueñas con la celebración en el pueblo, una celebración de campeonato  como cuando lo ganamos por primera vez después de más de treinta años, en vez de ser parte de la celebración multitudinaria que se produce cada vez que llegamos a la final y en la que vemos a nuestro atletas emborrachándose como el don del Galeón del Pirata que nunca ha dado un tajo deportivo ni en defensa propia. Sueñas y sueñas, más cuando abres los ojos…¡BOOM! El otro equipo está alzando la copa de campeones. Entonces volvemos al paso uno. Repítalo eternamente.

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Ser fanático pirata significa rojo, blanco y negro. Rojo por la sangre que derramaremos a fuerza de botellazos cada vez que perdamos y nuestro fanatismo no acepte que perdimos en buena lid. Blanco por lo virginal que nos vemos soñando con finales color de rosa en las que ganamos sin que se nos cruce por la mente que cabe la posibilidad de volver a ser subcampeones. Negro porque somos un rencor vivo. No le perdonamos a Christian Dalmau no querer jugar para el equipo cuya casa lleva el nombre de su padre. No le perdonamos a Piculín destrozarnos con sus Cangrejeros. No le perdonamos al fenecido Miguelito Mercado el “confien en mí, denle falta a John Coté”. No le perdonamos a Huertas jugar al héroe y botar aquel juego de las finales del ’11. No le perdonamos a Wisin & Yandel haber sido parte de nuestra franquicia.

Ser pirata significa tener contrincantes pero un solo enemigo. El enemigo es Arecibo y sus derrotas son nuestra segunda fuente de alegría, la primera siendo nuestros triunfos. Son el Barcelona de nuestro Real Madrid, o viceversa. Festejamos cada tobillo virado,  rodilla lesionada y caida aparatosa que se dan en cualquier juego o momento de sus vidas. No entendemos que el BSN es un negocio, y  saltar de los Piratas a los Capitanes es visto como alta traición. Jamás perdonaremos a Larry Ayuso, Rick Apodaca o a Peter John Ramos. Cada hijo feo o mascota herida es ante nuestros ojos castigo divino por su traición. Pasamos días cavilando en cómo Monrozeau hace que los otros equipos le cambien chinas por botellas, y  llegamos a la conclusión de que los otros equipos confabulan junto a la gerencia capitana para que nos venzan.

Ser pirata significa pueblo pequeño, infierno grande. Somos pasión deportiva; los mejores fanáticos y los más crueles, lo que nos hace los peores a  la vez. Mientras veamos que das el todo por el equipo pasearás por las calles del pueblo como un dios. No tienes ni que pedir permiso: puedes tomar nuestras novias, esposas o hijas cuando quieras. Si eres un mediocre o estás pendiente de tus números y no el bienestar del equipo, te castigaremos con nuestra fiscalización. Somos una fanaticada de Jay Fonsecas y Ojedas que viven echándole un ojo a nuestros jugadores para asegurarnos que dan lo mejor. Como jugador tienes que aceptarnos como somos, y si el fuego está muy alto, salte de la cocina…a llorar pa’ maternidad. Jamás olvidamos al que habla mal de nosotros o acepta luego de irse que no lo dio todo, como hizo Peter John, con la excusa de que sentía mucha presión. No somos un pueblo que apoya a medias, por lo que no es presión lo que ejercemos, es compromiso.

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Ser pirata significa respeto a nuestros heroes. No olvidamos a los que pasan por el equipo y dejan una huella. De Raymond a Richie, de Neftalí a Redhage y Kevin Lisch. Los queremos como si fueran nuestros tios o hermanos. Los seguimos aún cuando jueguen en oscuras ligas al otro lado del mundo. Nos regocijamos cuando los traen de vuelta como si fueran familiares que están en la guerra y vuelven luego de un tour por Afghanistan. Somos La Guarida del Pirata, y los que son piratas de corazón siempre encontraran refugio en nuestras 27 millas cuadradas.

Ser pirata es esperanza. Cada flor de decepción deja caer una semilla de ilusión. El camino es arduo y lleno de tropiezos, pero seguimos adelante. Nos decepcionamos pero no abandonamos el barco. Ganando o perdiendo, piratas seguimos siendo. Ser pirata es saber que solo contamos con nosotros mismos y  con Anibal Acevedo Vilá. Es levantarse y pensar que si a los Red Sox les llegó su día, a nosotros también nos llegará el día de suerte, como si fueramos tema de una canción de Hector Lavoe. Ser pirata, sobre todas las cosas, es vida. Nos han enseñado a disfrutar el viaje más que el destino, pues el viaje es seguro pero llegar a puerto seguro no. Es la más grande de todas las lecciones, pues en una temporada de nuestros Piratas, vemos una metafora de lo que se trata la vida: caerse, leventarse y seguir adelante.

Las derrotas de nuestras selecciones nacionales nos duelen, pero los piratas sabemos lidiar con ellas. Solo nos resta esperar a la próxima oportunidad y vivirnos el viaje. Gracias Quebradillas por preparános para la vida.  Ser pirata significa que al llegar la primavera llenaremos nuestra casa de flores. Quien sabe si ese año, por fin, nos visitan los Piratas campeones.

¡PIRATAS PUÑETA!

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Si eres fanático de otro equipo y quieres restregarme en la cara cada vez que nos dan de pasta y queso, puedes hacerlo en www.twitter.com/GazooStarr

About the Author:

Creador y fundador del mejor blog de Puerto Rico: La Letrina. Maestro de profesión y machinero en fiestas patronales de vocación. Gazoo Starr es un camuyano comprometido con las causas menos nobles del país. Puedes contactarlo a través de Twitter @GazooStarr.
Filed in: Deportes
  • No se pueden culpar a esos jugadores que se marcharon a otro equipo, traicionando asi a Quebradillas, no olvidemos que el sinónimo de Pirata es Traición.

    Ademas de que no hay nombre de pueblo mas feo que Quebradillas, Camuy y Guayama.

  • Fefa

    Con ese dirigente serán otro casi casi

  • Zambuco!!!

    Here I am motherflowers!!!!!, Estaba retiradito pero ya estamos de vuelta jodiendo una poca!!!

  • Edwin

    Buen escrito. ¡Excelente línea de pensamiento! Me sentí identificado con cada línea. Soy Pirata orgulloso de mi equipo, somos humildad, lo que falta en los demás. ¡Adelante!

  • alex

    no se quien escribio esto pero lo felicito por que nos describio ala perfecion pirata hasta la muerte!

  • Capitanes ahiiiiiII!! PUÑETA!! jajajajaja