banner ad

“La Tragedia en el comedor” (un cuento letrinero)

| March 13, 2013 | 4 Comments

COMEDOR

Me le pegué por atrás cuando no me esperaba. La aguanté con fuerza por las caderas y el cuello. La pegué a mí para que sintiera mi masculinidad, que se endurecía como sus huesos.

“No sabes cuanto te deseo cada vez que me desfilas con ese porte, mi inglesa” -le dije. Abrí la bragueta de mi pantalón y se lo metí. Con fuerza y sin compasión; sin pena pero con mucha gloria. Metérselo por culo fue todo una odisea. Aún cuando me deseaba, trincaba su ano de una manera que ni un un alfiler pasaría por él. En ese preciso momento, se me hubiese hecho mas fácil
entrar al reino de los cielos.

La puse encima de la mesa boca arriba y se puso como loca. Supuse que tenía la misma bellaquera que yo.
Se lo forcé hasta que entró. Trató de salirse pero se lo seguí empujando con delicadeza. De momento comencé
a aumentar la velocidad y noté que estaba tranquila, dócil ante mi embate sexual.

Aguanté su cabeza y la sentí inmóbil. La solté y cayo como el fruto maduro que se desprende del árbol. “Patty…Patty… ¡Patty contéstame!” – le supliqué. Nada. No hubo respuesta. Entonces sentí la muerte más cerca que nunca. Mi pene, como un Ulises, estaba en territorio conquistado por el Hades. Esta realización hizo que se pusiera flácido antes de haberlo sacado. ¿Qué iba a hacer ahora?

Tomé el cuchillo más afilado que encontré y me puse despellejarla.  Besé su piel mientras la rebanaba, y lágrimas corrían por mis mejillas pensando en todo el tiempo que pasamos juntos. Estaba seguro que era mi media naranja, el ser que Dios había puesto en mi camino para hacerme un mejor hombre. Unas horas antes habiamos amanecidos juntos, y ahora se había ido, para siempre.

Corté su cuerpo en trozos. La sangre cubría las losetas blancas, mientras quien fue Patty alguna vez se dividía en pequeñas bolsas.

En un par de horas vendría mi familia a visitarme y no podían encontrar rastros. Si tan solo hubiese actuado diferente, me recriminaba; si hubiese dicho que murió de causas naturales. ¿Por qué habré tomado esta decisión? Fue un arrebato de locura momentánea al sentir la partida del ser que mas amaba.

La mejor forma de deshacerme de la evidencia, decidí, era mostrándosela a todos sin que realmente la vieran. Tenía que hacer que ellos mismos se llevaran los restos de Patty sin saberlo. Vi a los lejos un libro de cocina. Esa sería la solución: cocinaría los restos de mi amada.  Unas horas antes preparé el arroz y la carne. Por lo general, siempre que había una reunión familiar, solía  comprar pizza. Todos estarían sorprendidos de mi repentino gusto por la gastronomía.

Llegaron por filtraciones. Pasaban los minutos y cuando todos estaban completos a mi tío le dio con preguntarme si estaba bien. Me notaba raro.  Le dije que sí y en ese momento estuve a punto de explotar. Las lágrimas amenazaban con escapar de mis ojos. “Que rico huele” dijo mi abuela. Todos estuvieron de acuerdo y antes de poder contestar coherentemente, ya ellos estaban sirviéndose en platos plásticos.

-Mmmm…que rica está esta carne. ¿Qué me dijiste que es esto? -preguntó una de mis primas.

-Es una gallina del país- contesté sin probar bocado.

-Te quedó exquisita, déjame decirte que me encanta el gravy con el que la rellenaste”- me dijo mi tía lamiéndose los labios empapados de mi semen. Por un segundo temí que me pidiera la receta.

-Hablando de gallinas, no he escuchado a Patty cacarear. Ese animal no hace mas que escuchar a alguien llegar y sale corriendo hasta pararse en tus pies. – dijo mi madre, quien no comió por tener acidez, gracias a Dios.

-Patty desapareció. Se fue para siempre – fue lo único que pude contestar, y cerré los ojos. Sentía que mi fechoría la podían leer en las arrugas de mi frente.

– ¡Que triste! Esa gallinita estuvo contigo muchos años. Siempre me estuvo raro eso de que pusiera huevos aun sin tener gallo que la pisara. ¿Eso es posible? –

Mi única reacción fue encogerme de hombros. No se habló más del tema. Al finalizar la noche, todos me dieron las gracias por mi hospitalidad y sobretodo, por la cena.

Nunca más volví a tener sexo con un animal que no fuera humano.

_______________________

Este cuento fue publicado por primera vez en La Letrina el 12 de enero de 2007 bajo el título “Una tragedia en el salón comedor”. Ayer lo encontré  y decidí arreglarlo (bastante) y volver a publicarlo. 

Ningún animal fue lastimado en la creación de esta historia. Tampoco he tenido sexo con animales.

Si eres de PETA y quieres boicotearme por este cuento lo puedes hacer en www.Twitter.com/GazooStarr

About the Author:

Creador y fundador del mejor blog de Puerto Rico: La Letrina. Maestro de profesión y machinero en fiestas patronales de vocación. Gazoo Starr es un camuyano comprometido con las causas menos nobles del país. Puedes contactarlo a través de Twitter @GazooStarr.
Filed in: Cuentos
×
  • ¿Cuántos pollitos tuviste con Patty? ¿Tenían cabezas humanas o manos?

  • palanku

    el hannibal boricua

  • ComoDuele

    Muy bueno… cuando empece a leer creia que se trataba de uno de esos crimenes macabros que suelen ocurrir ultimamente en PR, que despues que violan a mujeres las descuartizan, pero luego respire aliviado cuando vi que se trataba de una simple gallina..Aunque hay que estar bien berraco (palabrita del Patron} o desajustado pa’ meterselo a una gallina..

  • zenith bacardi

    Wowww me enchant continua asi