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La rampante jamonería

| December 11, 2012 | 23 Comments

Hola, gentiles amigos. Macetaminofen, el mismo que puso en su GPS “hacia el infinito” y terminó en el espacio entre ojo y ojo de Julio Rivera Saniel, hoy vuelve una vez más a este elegante blog para que sacien su sed de mí. Hoy vamos a tocar un tema que puede lacerar la fibra de un pueblo que es loco criticando pero que no se mira al espejo ni pal carajo. Sin tapujos hoy LA LETRINA abre la caja de Pandora sobre el nuevo cuco de esta generación: la rampante jamonería.

Como dijo un locutor cuya sonrisa es la artesana de las más rígidas erecciones y artífice del sal pa’ fuera de miles de clítoris, Ángel Ortiz Cardona Amós Morales: “En Puerto Rico habrá escasez de alimentos, pero el jamón sobra.”

En esta isla tropical, ser “jamón” significa ser un adulto que carece de pareja, y que posiblemente está destinado a la soledad perpetua; excepto en Guayama, quienes llaman “jamón” cuando una mujer negra del lugar (acabo de escribir una redundancia) tiene el Monte de Venus bastante mullido, acolchado, y que parece un homenaje a la Lomita de los Vientos. Este tema raya incluso en un debate sobrehumano, pues Dios, en toda su omnipotencia, les niega a los jamones la modesta súplica de encontrar el amor de su vida.

En esta vida todo es risas y diversión hasta que pasas las 25 primaveras y tu estado civil es SOLTERO. Ese es el momento en que te encuentras contigo mismo, y recuerdas todos los buenos prospectos que dejaste pasar por seguir usando drogas, pariceando y cogiendo por el fundillo. Llega el momento en la vida de todo soltero maduro en que un sábado en la noche, con los dientes pintaos de lila bebiendo vino barato y viendo Netflix en calzoncillos, cuando tienes una epifanía y te repites al espejo: “me cagué en mi madre”.

Ser jamón está cabrón. El ser humano común fue diseñado para disernir, no para desamar, pero en el caso de los jamones fueron diseñados para malcriar a los sobrinos y encargarse de ser los centinelas del album de fotos de la familia. Los jamones, aborrecíos desde el saque, consideran un deporte extremo poder decir “buenos días” con una sonrisa genuina. Lo único bueno de la soltería madura es que, luego de tener sexo, no tienes que abrazar a tu mano cuando te masturbas, tal como tendrías que hacer con alguna de las arpías que menstrúan. Yo, cinta negra en el arte de defraudar mujeres, tomé la jamonería como un estilo de vida…obligado.

Sinceramente yo prefiero decir que soy jamón, a decir que soy divorciado. Yo no digo eso ni pal carajo. ¿Por qué? Porque por alguna razón, lo primero que viene a la mente de una hembra cuando le dices que una vez estuviste casado, es que seguramente eres otro irresponsable bambalán más en la cantera de hijueputas que hay en este País, y que por algo será que la exesposa te mandó pal carajo. Se los digo: los rincones más calientes y dantescos del infierno están destinados para las féminas y para la gente de pelo malo que se hace el mohawk. Las mujeres -histéricas, bipolares y locas por naturaleza- siempre van con ese instinto de culpabilidad y con el mínimo motivo te mandan a la guillotina. Por eso hay tanta mujer jamona.

A los 24 años, las mujeres feas con buen cuerpo son como los peos: uno se las quiere tirar sin que nadie se entere. Después de los 25, ninguna mujer es fea si se le mira por donde mea. A los 30 TODO es wife material. Así cambia la vida. Solo una barría con la escoba en los pies puede definir tu futuro. Para una mujer, la jamonería la obligará a convertirse en chilla de alguien o a conformarse con un tipo que al menos tenga un full time job y un crédito malito. Pero para un hombre ser jamón es durísimo, porque no solo tenemos que enfrentar los chistecitos de algún graciosito que te saca en cara tu destierro vaginal, sino que todos comienzan a dudar de tu sexualidad; llevando la mofa al morbo y regando el bochinche en el barrio de que uno desflora perras, gallinas y todo animal que se te pare de frente en la oscuridad de la noche.

Uno sale a darse par de cervezas y empiezan con el bendito chiste de “soltero maduro, pato seguro”, y uno como un retrasado pujando la risa, con las manos en los bolsillos del mahón palazzo en combinación con los zapatos Buffalino marrón. Por lo tanto, uno decide quedarse en la casa para no tener que afrontar las constantes burlas y bufonadas, pero siempre los majaderos de tus panas te textean “achochao en tu casa no te van a llegar las totas. Bobolón. ¿Te gusta esto es? 8::::::::D “. Los infelices te tienen en la palma de su mano. Esto lleva a que algunos varones alcancen el punto más bochornoso en la vida de un ser humano: ir al SPEED DATING o buscar novia en Internet.

En esta época de Navidad la cosa se complica. Las personas, nostálgicas al fin -y como diría Joaquín Sabina- comienzan a extrañar lo que nunca jamás sucedio… eso y que sabes que nadie te va a regalar un carajo el 25 de diciembre. Durante estas fechas te invitan a las empalagosas verbenas familiares. Procuras llegar temprano para poder abandonar la fiesta pronto. Saludas a todo el mundo, siendo el doble de hipócrita de lo que eres durante el resto del año. Rápido llega ese familiar imprudente que te pregunta esplayao y a viva voz “¿y cuándo te casas?”, uno tira esa sonrisa -como la peor de las Mona Lisas- y dice un tímido “pa’ eso falta”. Luego pides permiso para ir al baño y dejar que la lágrima que se posó, se deslice y baile por tu mejilla.

La jarrana encendía y uno sobando al perro de la casa para simular que la estás pasando brutal. Vas y te estacionas justo al lado de la bandeja de Cielito Lindo. Empiezas a llenar el estómago para abandonar la actividad e irte a cualquier pub donde solo irán ese día jamones como tú y asesinos en serie. Ya te metiste medio saco de Tostitos, una docena de sándwiches de mezcla y ahora piensas arrancar del convite… y ahí mismo llega el primo exitoso con el Mercedes asicalao, su hermosa esposa y sus preciosa familia.

Por alguna razón, el cabrón siempre va a las fiestas con gabán, y aun sabiendo que la actividad será en una jodia marquesina, él insiste en ir con gabán para sacarte en cara sus logros profesionales. El primo comienza a hablar de cómo su empresa comió culo el pasado trimestre y todos mirándolo anonadados. Luego, te quedas solo con él, y saca su celular para enseñarte a su amante en posición de gata. El cabrón no tiene una mujer, tiene DOS.

Después de estar un rato contándote cómo le estira las orejas a la fulana, te comienza a preguntar por tu situación sentimental. Uno se tira el clichoso “esperando que llegue la correcta”, lo que provoca un silencio incómodo y luego desata un tsunami de risas, al que se une el resto de la parentela luego de que el bocón gritara “¡escuchen esto! ¡Este pendejo está esperando la mujer correcta!¡Es maricón!”. Felicidades: eres el hazmerreír de la familia.

Esto solo es en Noche Buena, el día de Año Nuevo la cosa es peor cuando sales a abrazar a la abuela que está moribunda, decrépita y dormida tirando peos en la silla de ruedas, porque ya todos los abrazos estaban pedíos. Cuando la familia se da cuenta que son las 12:45 AM y no te felicitaron, van donde ti a decirte con más pena que motivación “La correcta llegará. Ten fe”, y uno afirmando con la misma mirada vacía de un perro maltratado.

Los jamones somos más, somos muchos más de los que lo admitimos abiertamente. En este País donde el “peor es na” es una filosofía aceptable, muchos van por la vida conformándose con cualquier cosa. Los jamones no estamos pa’ eso. Ya reconocemos la fina línea entre el error y la experiencia, y sabemos que meter las patas es inevitable, pero resignarnos a cualquier cosa no está en nuestros planes.

Nuestra soledad se mide en gatos y tweets. En nuestro mundo todos los días son martes. El tiempo, que no nos tiene ni una chispa de solidaridad y ni una onza de respeto, hizo de nuestro metabolismo algo tan lento, que la sangre no corre sino que camina por nuestras venas. Estamos gordos pal carajo y no lo podemos negar.

Somos cazadores de ofertas para UNO en Groupon, miramos el celular cada diez minutos a ver si nos textean por error, y muchos de nosotros si no miramos pa’ tras cuando nos parieron, perdimos la última oportunidad de ver una vagina. Seguimos esperanzados. Vamos al 2×1 de Chili’s solos y stalkeamos en Facebook a nuestros crush al punto que nos sabemos los nombres y fechas de nacimiento de sus ahijados.

Nuestra misión en la vida es ser los organizadores de “tu amigo secreto” en la oficina y tenemos cundío nuestro Instagram con las maldades de nuestra mascota. Los jamones somos ambiguos: los weekends nuestra soltería nos da carácter… y el resto de la semana nos da pena. Es más fácil encontrar una mujer negra con Síndrome Down que un jamón diciendo con altivez y pedantería que es jamón. Nos nos queda de otra que aferrarnos la esperanza y a Red Tube.

A mís compañeros jamones les digo que resistan. Es mejor ser orgullosamente jamón que bochornosamente cabrón. No olviden seguir en Twitter a @jamones_unidos

About the Author:

Gurú farandulero, filósofo, analista político, pinto rejas, hago mudanzas y boto escombros. Autor del worst seller "Las Cavilaciones de un Escritor Loco". Insultos son bien recibidos en Twitter @Macetaminofen
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