La Letrina que nunca muere
En mi desesperado intento de salvar este que ha sido nuestro centro de rehabilitación y nuestra casa por los tantos años, he decidido salir de las cajitas de comentarios y de la adicción a twitter que sufro al igual que los que una vez nos pasábamos dándole refresh a la página para ver si habían comentarios nuevos, y que al igual que yo convertimos a la letrina en nuestro latin chat criollo.
Recuerdo la primera vez que encontré este lugar, aun cuando gustaba de poner “blingees” nuevos todos los días en mi MySpace, y “pasar a dejar mi huellita “en los “walls” de la página de aquellas que en ese entonces en mi mente pensaba que serían las próximas víctimas de mis necesidades carnales. Fue un sencillo “search” de google el que me llevaría a este lugar donde he hecho tantos conocidos, hermanos y hasta enemigos por igual. Es este el lugar que, aun viviendo en un lugar relativamente lejos de la realidad de mi isla, me hacía sentir y vivir el día a día de la gente común y corriente, el diario vivir que no se cuenta en los periódicos ni en los programas de chisme que hasta ese entonces era lo más cercano que tenía a la realidad de mi país.
Desde ese entonces fui testigo de cómo este lugar pasó a ser desde un caserío virtual donde se hacían “reviews” de CDs de reggaetón y se idolatraba a Fofe de la manera más homosexual posible, a ser un lugar donde las mentes más dotadas y a la misma vez maliciosas de la blogósfera se reunían. Un lugar donde sobran las deidades: desde el Leon Apollo hasta Chicky Starr, desde Bartolo el de los Nightbrakers hasta Glenn Monroig, pero donde al final del día teníamos solo una deidad omnipotente y omnipresente que verdaderamente aparecía cuando lo invocábamos… Kedeus. Aquí nací yo, o más bien “mi otro yo”, aquel muchacho buenmozo, mala leche, turba y e inteligente que hoy muchos conocen como Bieke. La sección de comentarios fue por muchos años nuestro “micro blog” personal, aquí fue donde por mucho tiempo nos escondimos detrás del anonimato para destilar nuestras más profundas aberraciones y pensamientos maliciosos en mucho más de 140 caracteres.
Quizás muchos de ustedes pensaran que la letrina murió, y que gracias a twitter los años gloriosos de este rincón llegaron a su fin. Yo hasta cierto punto quizás puedo estar de acuerdo, por la sencilla razón de que yo prefiero leer lo que piensa Gazoo en una o dos oraciones, a tener que mamarme 4 párrafos de su babosería. Aquellos que hicimos de esta nuestra casa sabemos que no ha muerto, y que más allá de perder el tiempo peleando como nenitas o cavilando sobre temas tan profundos como la apertura del próximo Krespe Kreme, sabemos que aquí hemos crecido como seres humanos, hemos aprendido a perdonas a aquellos que nos han ofendido y hasta siento punto desensibilizarnos ante los insultos, hemos aprendido que es de hombres llorar cuando nos rompen el corazón, que no son 3 sino un solo Puerto Rico, que lo menos superficial de esta isla y lo más verdaderamente real que nos queda lo encontramos en un liquor store, que la vida de un hombre cambia cuando se enamora a primera vista de su primer retoño, que Rivera Saniel no tiene necesidad de tener que enrolarse las mangas y que como una vez dijo Macetaminofen, “un hombre que no se contradice con el tiempo, es un hombre que no ha aprendido nada”.
Estoy seguro que para muchos de ustedes este lugar ocupa un lugar importante, y es mucho más que una paginita donde entraban a leer lo último de Macetaminofen, Cachinchunflen o el escritor de turno. Yo en lo personal aquí he hecho uno que otro enemigo, pero he ganado más que eso, gente que de pasar a ser meros conocidos se han convertido en mis hermanos, aquellos a los que fuera del anonimato he sabido contarles parte de la historia de mi vida, aun sabiendo y sintiendo el carnaval de risas a mis espaldas. Pero es eso precisamente lo que me ha mantenido ahí, ese espíritu letrinero genuino y sentir de que en cualquier momento llega la puñalada por la espalda.
También están aquellos que solo acostumbraban a leer, mas no así a comentar. Estoy seguro que ustedes también tienen su historia desde su lado de las gradas y que posiblemente alguno de ustedes le envió este escrito a alguna jeva.
Solo me resta decir que, contrario a los que muchos de ustedes puedan pensar, esto no ha muerto, solo que nos volvimos minimalistas y nos mudamos a un sitio más pequeño pero con suficiente espacio para seguir destilando nuestro odio, sabiduría y sexualidad que nos distingue, al igual que una vez lo hicimos en este lugar.





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