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Histeria huracanada

| July 9, 2013 | 7 Comments

Saludos desde el rincón de Puerto Rico donde no hay “bicijangueo”, porque nuestro método de transportación es el burro y el caballo: Guayama. La temporada de huracanes en Puerto Rico se ha convertido en un evento cultural con una participación bastante acrecentada en los últimos años. Esto puede deberse a la presencia de la tecnología y las redes sociales en nuestras vidas, Twitter y Facebook; a las chochicontentas de Ada Monzón, Deborah Martorell y Susan Soltero ante los venideros sistemas atmosféricos y la lacia cabellera de nuestros gobernantes danzando con el vaivén de una soplaíta de viento anunciando cuántas semanas estará el gobierno y las escuelas sin funcionar; aunque sea verano, no llueva o la tormenta ya vaya tan cerca de Puerto Rico como el Golfo de México.

Todos sabemos el peligro que representa una miserable onda tropical, tormenta o un “horriblísimo” huracán para nuestra isla. Hemos visto que hasta la nube más tecata pone a sacar las canoas a la mitad de Puerto Rico. Nuestros queridos puertorriqueños se van a cruzar charquitos crecidos con un Mirage bien tumba’o del ’88 y terminamos viendo a Ivonne Solla y a Jorge Rivera Nieves con cara de tragedia informándonos que una corriente de agua se llevó a 4 cabrones que se les ocurrió la ingeniosa idea de cruzar un río que ni con una “flatbed” se podía cruzar. Dios se debe gozar esas cosas cuando dice “Deja mandarle un meaíto de nube a estos animales de bellota, que esto necesita acción”. Año tras año, las grandes empresas ruegan por que una de esas rayitas que trazan nuestros eficientes centros meteorológicos y que terminan yéndose pa’ allá cerca de la porra, ponga un modelo de esos rajando a Puerto Rico por la misma mitad. ¿Por qué? Porque eso significa HISTERIA COLECTIVA.

A la hora de sembrar pánico entre los tremendos seres humanos que habitan la Isla de Dios, Puerto Rico se convierte en una purga criolla de histerismo y algaretismo. Nuestras mujeres puertorriqueñas se afilan las pezuñas y se encasquetan el licra con más rotos para darse citas en el Amigo, el Econo, Guolmal, Costco y el Sam’s más cercano. Ir a una de estas megatiendas o supermercados en pleno aviso de temporal es un deleite de puro folclor boricua. Eres partícipe de choques de carritos, salvajes enredándose por la última caja de botellas de agua y chancletas de Puerto Rico llenas de arena volando por los aires para coger ese último pote de Pringles. No pueden faltar las galletas “Polsoda”, las salchichas, la jamonilla, las latas de tuna, los refrescos, el “conflei”, el “chiswís”, velones del Niño Jesús y la Virgen de la Guadalupe, fósforos, tanques de gas para el quinqué, baterías ni linternas.
Siempre te encontrarás a la brillante madre llenando el carrito de carnes y helados, al que va exclusivamente a comprar ron y cigarrillos, a las doñas en dubis con la camisa de MCS con el carro hasta el tope y sacando de la cartera 9 shoppers diferentes porque va a igualar precios, a la que no sabe qué está pasando ni por qué la histeria porque los 4 hijos de 4, 5, 7 y 8 años no paran de correr por toda la tienda y ha perdido la noción del tiempo, a la de clase alta que tiene el carrito con 4 yogurts que expiran al otro día, una botella de vino y una cara de histérica contenida, y a los que no vamos a comprar na’, pero vamos a hacer estudios sociales mientras nos reímos un poco por dentro porque el ser humano (¿o el boricua?) está loco con cojones.
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Las filas están repletas de seres de luz de todas las clases, encuentras al de la fila 2 gritándole al de la fila 9 si ya se clavó. Chiste que se fue en una ráfaga de viento con el huracán Hortensia en el 1996. Se pueden observar carritos llenos de productos congelados y artículos de primera necesidad como esmaltes y carnes listas para un BBQ. Se siente a flor de piel la adrenalina que causa ser parte de algo que si bien no es “bueno”, termina uniendo al país aunque sea para entrarse a bofetones por 3 potes de jamón pica’o. Abarrotamos ferreterías comprando paneles que al final del día no ponemos porque para eso existe el tape gris que protege esas ventanas como para dos huracanes Hugos juntos. Amarran inútilmente ese toldo azul que tiene un roto cabrón desde Georges en el 1998 y que reclaman en las oficinas de FEMA con un taco en la garganta. No pueden faltar los velagüiras que a esta hora, sin gota de lluvia ni viento, está sentado en el patio pegándole la manguera al mattress y poniendo al perro a revolcarse en el fango para darle el toque de “damnificado”.
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Recién comienza la temporada de huracanes y hasta esta hora (3:55am), estamos ante aviso de la primera tormenta tropical de este año llamada “Chantal”. Sé que hay muchos imaginando cómo se verá el flamante gobernador Alejandro García Padilla con su jacket de mahón y el poncho amarillo, dando instrucciones que la mayoría ya conoce o debería conocer, y parafraseando lo que el meteorólogo dice para quedar como héroe ante el pueblo. Ahí veremos al “gobe” poniendo en un altar a la Autoridad de Energía Eléctrica que se ve derrumbado en menos de 1 hora cuando se va la luz por 48 horas en 12 pueblos y el servicio no es restablecido en 1 semana en lugares donde nunca llovió ni hizo viento; pero no es secreto para nadie que contamos con un sistema eléctrico propio de una sociedad que vive en el 1994, así que no estamos tan mal. La magia de nuestras agencias gubernamentales llega a su máximo esplendor durante esta época. Todo el mundo se quiere ir temprano, el gobernador hace la señal de “¡Vámonos pa’l carajo que viene el temporal!”, el gobierno sale libre y entre los boricuas yendo al supermercado y la policía tratando de controlar lo incontrolable, se forma un crical puñetero en las carreteras de nuestro país. Cuando Dios dijo “¡Esta será la matriz de donde nazcan las cosas organizadas y rectas!”, de seguro la sacó con el ADN de algún puertorriqueño. Eso no entra en discusión.
Aunque odiamos con pasión al instante que se va la luz, —cosa que ha quedado más que evidenciada cuando gastamos el 24% de batería que nos queda en el celular cagándonos en las progenitoras de la AEE a través de las redes—, no podemos negar que de una forma u otra, nos gusta lo que parece convertir el espíritu boricua en una fiesta patronal. Los supermercados parece que son saqueados en pleno apocalipsis de zombis, nos volvemos expertos en la meteorología, no nos perdemos  ni una sola de las coordenadas, queremos ahogar el carro en gasolina, hacemos zanjas para canalizar el agua en los patios y hasta nos amotinamos cuando el sistema coge pa’ otro la’o. Nos volvemos unos Adas Monzones de la vida, y aunque llevamos todo el verano quejándonos por que “no ha salido el sol”, ahí vamos listos a inyectarle la dosis de pánico al de al lado porque “esa cosa viene para acá”, mientras nuestras abuelas nos miran por encima de los espejuelos a lo Roberto Cortés con su santa calma y se aferran al “Ay mijo/a, eso no viene na’”.
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Lo que está claro es que llevamos par de años de gratis y de chiripa, y como persona que se llena de histeria con un fenómeno atmosférico, eso está muy mal. Está visto que los temporales hasta merman la criminalidad en Puerto Rico, todo el mundo se recoge para sus casas, las familias pasan tiempo juntos y de cierta forma, se aprende a ser condescendiente con el prójimo al momento de preguntarle si ya está preparado. Naturalmente, nos gusta eso de las tormentas, pero no para que haga daño, sino para que saque a flote todo el proceso que se da ANTES del temporal.  Disfrutamos eso de ir a ver a par de mujeres arañándose las caras con las uñas acrílicas por el último pote de acetona y nos volvemos parte de eso porque, ¿QUIÉN NO QUERRÍA ESE ÚLTIMO POTE DE ACETONA? La temporada de huracanes es un Black Friday más extenso que el de Navidades, pero igual de sazona’o. Somos una cultura que baila al compás de las emociones y las espontaneidades, somos empáticos e indirectamente velamos por el “bien” de los demás, aunque la raya entre la empatía y el faranduleo sea bien fina y borrosa. Nos gusta la algarabía y la tensión que forme parte de un todo porque ahí es cuando llegamos a la cumbre. Somos boricuas y si hay temporal, ¡hay que sembrar histeria!
Si no te gustó y se te olvidó qué es lo que me tienes que agarrar, envíame una notita junto a una lata de salchichas para contestarte lo más pronto posible.

About the Author:

Guzabra es oriunda de Guayama. Es conocida por ser la propulsora de la ley municipal que llevó a que se reconocieran las moscas como el ave municipal de su pueblo. Heroína entre su gente, se dedica a robar jabones en Walmart para mejorar la higiene de sus compueblanos. La puedes contactar en www.twitter.com/guzabra
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  • John E. Mudd

    Not bad, not bad at all.

  • Felix W. Gonzalez

    Exlente mija

  • Tu amiguita de Monte Olivo

    Ay Meli… estas pasa’, pero me hiciste el día, estoy 100% contigo en todo lo que escribes.

  • Mumy

    Que pena me da el escrito…después se preguntan porque ante los ojos del mundo somos unos ignorantes, bárbaros de cuarta…..

  • Cabro e Monte

    Muy acertado y gracioso el reportaje q pena q hayan crapulas q les apesta la vida y toman todo como si su vida dependiera de ellos Mumy no vales na un tampon usado de prostituta vale mas q tu

  • prjoexd

    Todo los q has comentado es muy cierto,lo mas triste es ver como el mismo gobierno y algunos medios noticios “PIDEN”calma y tranquilidad y son los primeros en crear una histeria artificial,por otro lado vimos como brillaron por su ausencia el dia de las lluvias por la onda tropical q paralizo a tod PR

  • dramaqueen

    Deberia escribir mas articulos especialmente Gazoo. El es el mostro de los articulos del blog. Besos