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El Porno que nos une

| July 4, 2013 | 6 Comments

Condorito

Desde que tengo uso de razón he vivido fascinado con el sexo. Recuerdo que mucho antes de ir a la escuela, ya pensaba en mi mente en el acto sexual, sin nunca haber visto ningún acto. Para aquel entonces pensaba que la vagina era un tajo que estaba posicionada justo donde esta posicionado el pene en los varones. Aún así, nunca deja de sorprenderme el que al menos supiera que el genital femenino pareciera un tajo. Hasta el día de hoy, es uno de los mejores ejemplos de instinto producidos en mí que he conocido.

¿Cuándo vi porno por primera vez? No lo sé. Solo sé que sin nadie decirmelo sabía que era prohibido, que nadie se podía enterar de que presenciaba a través del televisor el acto de apareamiento que era responsable de que existieramos. En un varón de una isla caribeña, la prohibición de ver un acto natural unido a la necesicidad biológica es el reto y el impulso. Eran los tiempos en que los canales “calientes” se veían con estática si le dabas a un botón en el control del cable tv. Recuerdo haber desarrollado una fuerza titánica y una velocidad luz en mi dedo pulgar. Entre las líneas se podía divisar la imagen con estática que tanto deseaba ver y que tan prohibida era: tetas, vaginas peludas, vaginas rapadas, penes en la boca y boca en las vaginas, penes en el ano, anos en los dedos y la esperma que significaba el fin de la escena. Era glorioso. Era la edad en que después de ver porno (y masturbase), uno todavía se sentía culpable y se juraba no volverlo a ver.

Desde que estábamos en escuela elemental, uno de mis amigos de toda la vida tenía lo que se llamaba “la cajita” del cable tv. Podía ver todos los canales premium, incluyendo los “calientes”. Ir a su casa de visita era expectación. Todos sabíamos la rutina. El visitante se sentaba en la mesa que  quedaba dando directamente al pasillo. Se colocaba un espejo mirando hacia la puerta. El anfitrión ponía los canales pornográficos mientras el resto los veía y vigilaba  que nadie viniera a través del espejo . Hoy día pienso que ello era una crueldad que cometíamos contra nosotros mismo. Allí estabamos, bellacos, y ninguno podía hacer nada. Mucho antes que las mujeres, ya aquel televisor nos había dado nuestro primer “blue ball”. La madurez nos enseñó que la pornografía se disfruta más cuando la vemos con amistades del sexo opuesto.

La fascinación por el porno nos nubla el buen juicio. La primera vez que ello me ocurrió fue cuando me enteré que las peliculas VHS que mi tio guardaba en una bolsa que colgaba del techo eran pornográficas. Estuve una semana planificando el robo. Por suerte, en aquellos tiempos el usar ropa Nike de hacer ejecicio estaba de moda. Me puse aquel sweater en pleno julio, dije que estaba cansado, me acosté a mirar el techo por media hora y luego metí el video en mi sudadera. Al llegar a mi casa la puse junto con las cientos de otras cassettes de muñequitos, y durante un tiempo, cuando ya todos estaban acostados, ponía la misma película. El día que me cogieron la película, no recuerdo claramente lo que me hicieron, solo se que el castigo (físico y mental) no fue tan malo como pensé que sería. A la hora de haber ocurrido el incidente ya nadie lo mencionaba. Hoy día se que el taboo de la pornografía es tal que los padres de mi época lo hablaban al mínimo; se evitaba a toda costa.

En la escuela hablar de porno era normal. Todos sabíamos quienes eran Asia Carrera y Jill Kelly, porque eran las más que aparecian por Spice, el canal que todos los varones tratábamos de ver a toda costa. Cada cual iba y hacía una historia de la última paja que se había hecho a nombre de alguna escena. Todos con el tiempo aceptamos que muchas de las escenas que nos contábamos nunca las habíamos visto y que solo las inventábamos para parecer machos alfa con porno a la mano. Quisiera recordar aquellas historias y hacer un guión para enviarselo a la industria porno. Nuestros inventos eran mejor que las películas que producen.

Revistas pornográficas que se vendían en Puerto Rico en los 60's.

Revistas pornográficas que se vendían en Puerto Rico en los 60′s.

Entonces surgió el internet. Recuerdo la imagen de la primera puertorriqueña desnuda en la web. Fue un revuelo y la imagen llegó a manos de mi papá, quien sacó copias y no se dio cuenta que dejó una de ellas. Al otro día la llevé a la escuela y los nenes hicieron fiesta sacándole copia a la imagen por irrazonable costo de 15 centavos. Esa imagen cambió toda la forma en que nuestra generación compartiría el porno. Con el internet nos tomamos el atrevimiento a darnos puesto a la hora de ver porno, pues pasamos más tiempo buscando el video perfecto que viendo el video que finalmente escogemos.

Una vez me pusieron internet de 56k en mi cuarto, era rutina buscar videos porno. Sabíamos que cada video que bajamos era para el disfrute a la largo plazo, y con largo plazo no me refiero a que lo vería durante mucho tiempo, sino que no lo veríamos hasta dentro de una o dos semanas; algunos tomaban un mes. Así nos pasábamos la juventud, llenando el disco duro de pornografía que solo veríamos una vez, pues diariamente terminaba de bajar un video que se había puesto a descargar semanas antes. Una vez llegué a tener tanto porno (120 videos) que me puse a clasificarlo en orden alfabético. En la “P” estaba el mandatorio video de Pamela Anderson de pasajera en la autopista o en el yate.

El porno nos unía. “Búscate tal video. Es con tal artista, baja rápido y dura tanto.” Así se forjaban amistades, y nos conocíamos mejor los unos a los otros. Estaban los que le gustaban los tríos, y por lo general eran los que eran bien putos. Estaban los que les gustaban los tríos pero dos hombres y una mujer. Esos eran los que les gustaba pelear y uno de ellos hoy día es gay. Estaban los que tenían que tener una historia antes de acto, eran los que disfrutaban de las clases de literatura. Yo era de los que me negaba a ver porno de lesbianas, pues eso no me excitaba (ni me exita) ya que no  podía ponerme en el lugar de ninguna de las mujeres por no tener vagina.

En mi generación era normal hablar de porno frente a las nenas, aunque ninguna aceptara que veía porno. Todas decían que era asqueroso. Esto mismo pasaba en todos lados. La inmensa mayoría de las mujeres decía lo asqueroso que era ver porno pero no les resultaba asqueroso preñarse a los 14 años. En mis años juveniles, cuando comenzaba a aprender grandes términos y la rebeldía afloraba, me decía que cuando tuviera un hijo lo dejaría ver porno, que era un taboo parte de la construcción social y que debía ser destruido.

Entonces me dio con buscar videos de pornografía chocante. Encontre dos que se los ponía a todo el que iba a mi casa. Era como una iniciación. El primero veía a una mujer introducirse el rabo de una culebra en su vagina. El segundo, era un calvo que metía toda su cabeza dentro de la vagina de su compañera de escena. Algunas de mis compañeras del colegio se reían, otras quedaban traumadas. Lo que estaba claro es que no sentía ninguna verguenza porque supieran que veía porno o me masturbaba. Para todos eso era algo normal, y juraba que para todo el mundo siempre sería así.

Hasta que una ex-novia vio el thumbnail del video de Noelia. Toda su percepción de mi cambió. Era una muchacha que había sido criada de una manera bien religiosa y cuyos padres expedían de su aura los tabues sexuales. Tuve que disculparme y comenzar una fachada de un hombre que no era yo. Ya para esos tiempos el porno no se bajaba, sino que tenía que estar pendiente a que en el historial de mi browser no se quedara una de esas paginas donde se puede “stream” el porno. Para ella el porno humillaba a la mujer y la colocaba como un objeto. Era un argumento que había escuchado miles de veces. ¿Por qué solo la mujer se ve como objeto? Una mujer viendo porno podía ver al actor como el objeto. No solo eso, las mujeres ven como objeto a los cantantes que consideran guapos, y los siguen por sus bellezas físicas y no sus talentos. Además, las estrellas pornográficas hacen mucho dinero, por lo que no veía cómo se les humillaba cuando es un trabajo bien remunerado que hacen voluntariamente. Hace mucho que nos dejamos, pero el porno nos unió para siempre. Cuando ella piense en pornografía, siempre recordará aquel momento en que vio la imagen de Noelia. Yo recordaré cuando volví a la niñez y tenía que esconder los rastros del porno.

Así como a mí, todos tenemos lazos con personas gracias a la pornografía. Nos recuerda historias de cosas que hicimos con nuestras parejas inspirados en el porno. Nos recuerda buenos amigos que no vemos desde la niñez. Nos recuerda las aventuras y los riegos que un chorro de pubertos se tomaban por ver a través del televisor un pelo e’ crica. Nos recuerda cuando alguien le mostró una imagen a uno del corillo pensan que ya había visto porno solo para ver como su quijada tocaba el piso al descubrir ese mundo. Posiblemente no todos los vínculos son recuerdos gratos. Nos recuerda al video porno que encontramos de nuestra pareja con el chillo. Nos recuerda cuando vimos a nuestra pareja viendo porno gay, y descubrimos lo que realmente deseaba. Nos recuerda a las peleas con el tabú.

lecturaerotica

Lectura de revistas eroticas vendidas en Puerto Rico en los 60′s. Con esto se pajeaban nuestros abuelos.

El porno nos hace conocernos a nosotros mismos y nos enlaza con el resto del mundo. Se que los americanos tienen una obsesión con las maestras y las enfermeras. Aprendí que étnicamente los negros lo tienen más grande que el resto, y que las negras tienen los labios vaginales interiores más feos. Aprendí que en Japón no es un tabú ver el acto sexual, pero sí los genitales, a menos que lo que tenga en sus pantalones sean tentáculos o cosas robóticas. Aprendí que mamar se dice “pete” en Argentina y que en el resto de Latinoamérica “coger” tiene un significado distinto y más rico que el que tiene en Puerto Rico. Aprendí que en Brasil no hay nalgas pequeñas y que debo asegurarme que se trate de una mujer y no un she-male antes de comenzar a masturbarme, pues estos abundan en Brasil. Aprendí que en Rusia el porno Milf es literal y ver ancianas con muchachos es la orden del día. Aprendí que aunque Italia está muy cerca del Vaticano, sus películas, además de ser las que mejores valores de producción tienen, tratan los temas más profanos. Aprendí que en Puerto Rico el porno se puede hacer con nombres jíbaros para que sean un éxito de ventas, que Chica Groovy (a quien conocí personalmente) era bien inteligente aunque pareciera una loca y que “Bayamón Bonitas” no tiene nada de lindo.

Magali García Ramis una vez dijo que la manteca nos une. Hoy día que la gente esta pendiente a su figura, proliferan los gimnasios, y las compañías están mas pendientes a las grasas saturadas, es hora de aceptar que los tabúes  como la pornografía nos unen. Desde la Playboy a la Revista Luz, desde Simeon El Barbaro a Fifty Shades of Gray, la pornografía ha estado presente desde Pompeya hasta los cuartos de nuestros padres.

Mi nombre es Gazoo Starr. besos a los que me recuerdan y flores al que ya me olvidó. Ahora que soy más viejo me pregunto si en verdad dejaría que un hijo mio vea pornografía libremente. La contestación es no; no dejaría que viera pornografía libremente. Es una tradición de padres a hijos el hacerle la vida imposible para conseguir las imagenes sexuales. Crecer viendo pornografía libremente insensibilizaría al niño y hasta lo convertiría en un enfermito. Al final, nuestros padres sabían muy adentro que nosotros, al igual que ellos, encontraríamos la forma de verlo. Solo nos ponían un control para no terminar en una esquina bailando reggaetón como lo hace esta generación.

About the Author:

Creador y fundador del mejor blog de Puerto Rico: La Letrina. Maestro de profesión y machinero en fiestas patronales de vocación. Gazoo Starr es un camuyano comprometido con las causas menos nobles del país. Puedes contactarlo a través de Twitter @GazooStarr.
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  • marie

    Tienes 2 o 3 errores ortográficos.

  • http://poder5.blogspot.com Prometeo

    Cuando tenía como 12 años recuerdo que un amigo me prestó unas revistas. Me las llevé a casa y no salía en buen tiempo. Un día mi hermana le dió con alzar el matres de casa y las encontró. Se las enseñó a mi mai y ella me miró y me dijo: “Bueno estás creciendo pero esto no te ayuda”. Después de eso no me atrevía ni a mirar. Le devolví las revistas al amigo. Con el tiempo un amigo me prestó unas películas. Nunca ví tanto un video como ese. Lo ví tantas veces que todavía recuerdo escenas.

    Con el tiempo crecí y llegó al internet. Creo que mi historia es similar a la tuya.

    ¡Ah! y la película esa con el calvo…eran embustes. Era un montaje.

    Adelante y éxito.

  • zenith bacardi

    Yo pase por lo mismo recuerdo que tanto fue mi fascinación que te podía recitar el kamasutra de memoria y esta rancia en la high al tener libros y catálogos como Adam and eve hasta que a mi abuela le dúo un infarto cuando un dia me cogió masturbandome. Pero con el tiempo me ignoro porque quizás prefería que me masturbara a quedar embarazada de cualquier charlatán.

  • YKMJY247

    Esta pendejo este post.
    PD
    Me voy a ‘streamear’ porno para jalarme una.

  • Veyakiel Pajuil

    Si, si, si pero tirate el video de la Vampy de Lajas

  • Amante de las garitas

    Chica Groovy fue,es y será la reina de mis pajas…