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El desempleo: el infierno de los pela’os

| February 13, 2013 | 23 Comments

Saludos desde el rincón de Puerto Rico donde no tenemos cine, pero disfrutamos la película del vecino sentados en cajones de leche: Guayama. Buscar y encontrar trabajo en Puerto Rico se ha vuelto más difícil que Kobe hacer más de 10 asistencias en 3 noches consecutivas o más. Durante los pasados meses, me he dado a la ardua tarea de estirar y mantener los $7.85 que tengo en la cuenta de banco con tal de que no me cobren recargos. Mi cuenta ha perdido la dignidad, mi tanque de gasolina olvidó cuál era su función y yo, la vida social que nunca he tenido. Hace varias semanas, el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos en Puerto Rico lanzó un informe donde jóvenes entre 16 y 24 años (rango donde no caigo, pero ignoren el dato), representan el grupo con la tasa de desempleo más alta entre las personas más hábiles para trabajar. No profundizaré para evitar ahorcarme con los audífonos que están sordos de un oído, pero que son los únicos que tengo porque no tengo dinero para comprar otros. El punto de esa referencia es para hacer hincapié en el sector que está en el limbo y que por una u otra cosa no trabajan, pero que después de todo, hay cabrones en Puerto Rico que sí queremos trabajar.

En estas últimas semanas he estado yendo a diferentes sitios repartiendo un papel que probablemente ha terminado en la basura o lleno de mierda en algún baño público, mi resumé. Lo relevante ya no es ni el nivel de estudio que poseas, es que sobrevivas y por lo menos tengas para comprar un cofre mágico en Burger King, que de hecho, me enteré que hasta el pepinillo cobran. Hace 1 semana específicamente, me fui al mall con un poco más de 1/4 de gasolina, $5 en la cartera y los últimos 4 resumés que tenía impresos por falta de tinta que tampoco puedo comprar. Llegué bien pompeá con esperanzas y dispuesta a convencerlos con mi carisma, mis chistes pendejos, el nerviosismo de esconder los pancakes que se me forman después de caminar la seca y la meca, y con los resumés bien escondidos para tomarlos por sorpresa. El proceso de presentarte y preguntar no es tan malo como el de salir de la tienda. Después que te tiran la de “Estamos en tiempos de vacas flacas” y la de “¡Diatre chica, AYER mismo reclutamos una muchacha!”, lo único que te queda es salir con el rabo entre las patas, hacer que miras en la tienda para no verte tan mamao (cosa que puede empeorar tu desgracia) y ponerte los resumés debajo del sobaco bien suda’o. Sólo te resta mirarlos con desprecio mientras sales porque sientes cómo la mirada de lástima te atraviesa el cuerpo y procedes a ponerte el teléfono en el oído haciendo que hablas. En ese tipo de ocasiones, el 99% de las veces, Siri se activará y empezará a hablar haciendo que hagas un papelón.

Volví a casa con menos de 1/4 de gasolina, $2.50 porque me tuve que comprar algo pa’ beber, con las rodillas ‘esbaratá’s (indicador de obesidad), sin trabajo, ni esperanzas y con 3 resumés porque mi filosofía de entregar resumés se basa en “Te doy uno si están llamando, si lo vas a botar tan pronto yo salga de aquí, mejor me lo llevo”. ¿Qué aprendí ese día específicamente? Que lo mejor que hice fue sentarme a jugar Temple Run en un sillón de esos que dan masajes mientras hablaba de detergentes con una doña que estaba sentada al lado mío.

 

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A estas alturas ya no sé qué cosa es más pintoresca, si estar desempleado o ir a una de las tantas citas en el Departamento del Trabajo. La fila de desempleo es como la fila del banco, verás personajes de todas las edades, colores, tamaños, olores, pestes, alturas y peso. Es el sitio donde probablemente encontrarás al amor de tu vida haciendo contacto visual en una de las situaciones más precarias en la que te puedas hallar. Te vas a encontrar a la doña fina que, secretamente esconde su tarjeta de desempleada tratando de dar una impresión de alto estatus social, al chamaco que te habla como si estuviese cantando reggaetón, a la muchacha con 3 carajitos gritándole “ven pa’ acá hijo de la gran puta” a toda boca mientras el nene está tirándose el tantrum del siglo, al cuarentón en negación con un t-shirt en corte de “V”, o a personas como yo pegadas al enchufe más cercano para poder tuitear cuanta mierda vea mientras pasa las huelemil horas allí tratando de agarrar la primera señal de Wi-Fi que detecte. Eso señoras y señores, son ejemplos llenos de estereotipos, pero no seríamos puertorriqueños sin juzgar a lo loco, ¿no?
desempleo
Quiero hacer mención de la señora representante María Milagros Charbonier, esa misma que dijo en estos días que el dinero que cobran los legisladores que viven lejos del Capitolio NO es suficiente. Debo mencionar, y aquí es que me voy a tirar la Jay Fonsecada: Lo menos que cobra un legislador en la Cámara de Representantes son $73,000 anuales, y esta señora, indicó que luego de las deducciones, el legislador que MENOS cobra son $1,700 quincenales ($3,400 mensuales), calcule cuánto es al año, SIN incluir dietas, estipendio para transportación y lo que se güirean. No voy a hablar de números, quiero hablar de lo que ESO significa. Ella menciona que para el que lleva una “vida normal” ese ingreso es justo; habría que ver si su “anormalidad” recae en los lujos, alisarse las pasas, hacerse manicura, vinos, quesos, la guagua último modelo, trapos caros de JcPenney y Macy’s, spa, vivir en los excesos y todo ese tipo de huelebicherías que hacen las personas cuando el dinero se le sube a la chola.
Hacer ese tipo de comentarios cuando el país se raja las nalgas con una crisis en las costillas, cuando hay estudiantes que se rompen el lomo estudiando y trabajando para pagar sus préstamos, cuando cualquier fulano se faja todos los días ganando el mínimo tratando de estirar los chavitos o pendejos como yo que no pueden conseguir un trabajo y sobreviven con $166 bisemanales, y viene esta subnormal con el descaro más grande del universo llorando, cuando el resto del pueblo TAMPOCO le es suficiente lo que cobra.
Señora María Milagros Charbonier, ¿sabe usted cuánto cobra un educador o un policía que son dos de las profesiones más importantes en un país? Investíguelo y evalúe en dónde se está metiendo tantos chavos, porque puedes ir de La Mona al Capitolio a trabajar, y no hay que ser contable para saber administrar el dinero, se aprende a ser consciente con la economía, se aprende a dirigir el dinero a donde tiene que ir. Pero pues, el que nació pa’ cabrón y descara’o, rara vez aprende.
charbonier

En los últimos años, Puerto Rico ha estado pasando por una de sus peores crisis, llevándose enreda’o a todo aquel que lo vive, que día a día va a agotando todos sus recursos. Las familias viven haciendo de tripas corazones y filas bien puñeteras, pues las madres de las familias puertorriqueñas se han acogido a la doctrina de igualar precios con 25 shoppers de 35 supermercados diferentes. Aprendimos a vivir con el Great Value, guiamos 5 kilómetros para buscar la gasolina más barata aunque eso implique gastarla en el viaje de regreso y el que janguea se ve obligado a llevarse $20, y triunfar cuando regresa con $5 y la satisfacción de haberle dado pa’ la tripletita. El desempleo nos enseña que, para buscar trabajo hay que tener dinero, para tener dinero hay que tener trabajo, para buscar trabajo tienes que tener gasolina, para tener gasolina tienes que tener dinero y trabajo, para tener dinero y trabajo, en muchas ocasiones tienes que tener una pala; y para tener una pala, a veces nos va a tocar morirnos, resucitar y venirnos a cagar en nuestras propias tumbas.

 

Esa es mi historia, y si te identificaste, fundámonos en un abrazo cuando me veas.

¡Feliz Día de San Valentín letrineros, desempleados y jamones!

 

 

 

P.D. Mis destrezas en Paint están bien duras.

About the Author:

Guzabra es oriunda de Guayama. Es conocida por ser la propulsora de la ley municipal que llevó a que se reconocieran las moscas como el ave municipal de su pueblo. Heroína entre su gente, se dedica a robar jabones en Walmart para mejorar la higiene de sus compueblanos. La puedes contactar en www.twitter.com/guzabra
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